19 en el Aleph de Borges

"Una copita del seudo coñac - ordenó - y te zampuzarás en el sótano. Ya sabes, el decúbito dorsal es indispensable. También lo son la oscuridad, la inmovilidad, cierta acomodación ocular. Te acuestas en el piso de la baldosas y fijas los ojos en el decimonono escalón de la pertinente escalera. Me voy, bajo la trampa y te quedas solo. Algún roedor te mete miedo ¡fácil empresa! A los pocos minutos ves el Aleph. ¡El microcosmo de alquimistas y cabalistas, nuestro concreto amigo proverbial, el multum in parvo!

Repantiga en el suelo ese corpachón y cuenta diecinueve escalones.

¿cómo transmitir a los otros el infinito Aleph, que mi temerosa memoria apenas abarca? Quizá los dioses no me negarían el hallazgo de una imagen equivalente, pero este informe quedaría contaminado de literatura, de falsedad. Cada cosa era infinitas cosas, porque yo claramente las veía desde todos los puntos del universo"


Artículo 19
de la Declaración Universal de los Derechos Humanos

* Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.



Los cielos cuentan la gloria de Dios, Y la expansión denuncia la obra de sus manos.

Biblia, Libro 19 (Salmos), 19:1
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lunes, 23 de febrero de 2009

El Momento más feliz...

Hoy me han dicho lo siguiente:

"Muchas gracias, ¿te has dado cuenta que nos haces felices?"

Ya sé que algunos me escuchan cuando se meten en el túnel a las seis de la mañana los lunes, que otros un domingo montados en bicicleta, que acierto, que doy con la tecla, que las canciones crean momentos deliciosos, que cuando están pasados de rosca, o que cuando necesitan palabras que no se atreven a decir, me leen, que observan mis fotos...personas anónimas (no pagadas) que me llenan de comentarios diarios contándome lo que les produce lo que hago.

Y supongo que he cumplido el cometido real de un artista: hacer feliz a la gente de algún modo, llegar a sus emociones.

Yo sí que no puedo ser más feliz.

Gracias a todos los que dedican un poquito de su tiempo a hacer suyo lo que expreso...


Fluyan como flyers...

martes, 17 de febrero de 2009

Apto para intolerantes a la Lactosa


Gasto el humo que me queda. Me agacho y recojo las sobras, y el envase dice que es apto para intolerantes a las lactosa. Um, es un dato. Suena “La chica de ayer” y la soja no está modificada genéticamente. Otro dato, quieras que no.


No hay grandes frases en mis bolsillos, el próximo día tendré que equivocarlas. Al respirar me pregunto qué tendrá el sol que contarme mañana. Camino entre la lluvia y me doy cuenta de que van a hacer una película de G.I. Joe, lo cual me importa bastante poco.


No tengo la suficiente paciencia como para quedarme a esperar los insultos. 


Gasto el humo que me queda.


La creatividad resulta ser la combinación perfecta entre pop-rros mal llevados y vidas bien enlazadas.


Y mi vida resulta ser un punto intermedio entre cmd+z y cmd+t.


Ahora Retroceder. Ahora Transformar/Página nueva.


La Distancia Adecuada.


Mirar a la derecha, recordar. Izquierda, inventar.


¿o era al contrario?




lunes, 2 de febrero de 2009

El Momento (euforia 11)

Hola. Ésta soy yo:




O lo que queda de mi yo real en mí misma. Me gustaría decir algunas cosas, si no os importa.

Me gustaría...



Me gustaría que hubiese alguna persona que, simplemente, se sentase a mi lado y leyese conmigo El Pequeño Nicolás. Que le gustase pasear por las calles oyendo música, música que me emocione con la misma fuerza que emociona a la otra persona. Tocar el agua. Beber té moruno con mucho azúcar. No tener que decir nada para conseguir expresar lo que vale un suspiro. Que tenga una sonrisa coherente y los ojos formato faros-antiniebla y aún así, en los días de lluvia, al verla/o de lejos se me empañen las gafas. Me gustaría que consiguiese crear otro estado superior enseñándome la belleza de lo simple, para así hacerme distinguir entre un amor menor y un Amor Mayor. Me gustaría cortarle el pelo y decirle que es un/a quejica cuando salte de la silla por los tirones. Y poder olerla/o y simplemente con eso ya sepa que va a estar aquí, conmigo, siempre. Que me ayude a llenar todas las esquinas de recuerdos, que todas las esquinas estén meadas de sonrisas. Que no sienta jamás que me desprecia o que en cualquier momento voy a perderla/o, que tenga guardados en una caja de zapatos todos mis escritos y dibujos hechos en servilletas. Que lleve colgados todos los Te Quiero de tal modo que lleguen a confundirla/lo con un vendedor ambulante de gafas en Sierra Nevada, y que, con sólo rozarme, me haga estallar tranquila

Que le guste cantar a los grifos y descubra por sorpresa que me he comido su trozo de mandarina. Que sepa dónde está exactamente el punto en el cual se me empiezan a notar demasiado las pecas. Que sea capaz de saltar desde la ventana de Otto a la de Ana, como unos Amantes del Círculo Polar, uniendo Casualidades...

Quizá estoy pidiendo demasiado. Quizá sólo quiera que se siente conmigo a dejarse macerar por las olas.

...

Mirad hacia arriba. Contad cuantas veces habéis mirado la grieta del techo, y cuantas lo habéis hecho acompañados. Enumerad todas las veces que habéis dibujado visualmente la línea que separa dos de las manchas, y las veces que habéis creído ver formas donde no hay nada. Recordad la suave voz de quien os acompañaba, al lado, y cómo se fusionaba con el sonido de fondo de la lavadora, de vuestras tripas, de la persona anónima que pasa apresuradamente con bolsas por la calle, del sonido lejano de un pájaro que se queda un poco atrás del resto. 

Recordad, recordad cómo sonaba esa canción que tanto os gusta. Esa que guardáis celosamente para El Momento, ese momento en el que las estrellas nos eligen, ¡si! ¡a nosotros!...a veces, todo parece fluir como en un baile de notas en un pentagrama. Como las notas de adorno, esas sin las cuales no se pierde nada, pero hacen más intensa la canción, menos vacía. Recordad como volaban los estímulos, tranquilos, sin prisa por llegar a vuestro cerebro. Sin miedo, transformando el Tiempo Objetivo en Subjetivo.

Una lágrima. Recordad esa lágrima porque condensa todas las emociones que un niño puede almacenar cuando descubre los regalos de Reyes. Recordad cómo surcaba vuestra mejilla, soñando ser caracol, dejando un frío pequeño allá por donde pasaba.

Recordad el ligero temblor de vuestras manos.

¿me quedo o me voy?

Cuantas veces nos hemos preguntado cosas que no tienen respuesta alguna. Cuantas veces, decidme, cuantas veces hemos deseado saber dónde van los besos que no se dan, las palabras que no se dicen o los instantes que deberían vivirse y al final no se viven. Nunca nos hemos atrevido a preguntar este tipo de cosas porque pensamos que darle muchas vueltas al tema sería como anclarte a los poetas de tu libro de bachillerato.

Cuantas veces hemos cerrado los ojos esperando que, al volver a abrirlos, pudiésemos respirar sin tapujos la felicidad y almacenarla en tupper-wares para cuando nos olvidemos de ella.

"Desde hace tiempo sueño con cantar esa nota que te pueda mover". Permitidme que comparta con vosotros, por favor, esta canción:



Esta es mi canción secreta para El Momento.

El Momento ocurre a veces, pero cada vez menos. Y, no sé si es por los entresijos de la vida adulta o porque el mundo está muriendo, o yo misma estoy muriendo. En cualquier caso, si crecer significa perder El Momento, yo no quiero hacerlo.

Pero, cada vez siento más que, quizá sea tarde para ponerse a dar clases de Educación Sentimental. El Momento, no hay que subestimarlo, porque puede ser el último.

¿lo sabéis? ¿sabéis que Los Momentos son como los óvulos, que un día se acaban?

Yo no lo sabía.

Yo no lo sabía hasta que, hace un tiempo, una angustia muy fuerte dentro de mí me hizo pensar en Los Momentos que me quedaban. Me hizo, de hecho, intentar recuperarlos. Casi con urgencia, casi a trompicones, de la peor manera que alguien puede darse cuenta de estas cosas. Así lo hice. 

Hay una frase que siempre he querido decir en este blog en El Momento Justo y creo que, para bien o para mal, ha llegado. Siempre que empiezo a escribir algo, lo hago así:

  "Lo que menos me gusta de la vida es que sea irreversible" 

Es una frase que dije cuando era muy pequeña, es el primer recuerdo de una frase dicha por mí que tengo. Por eso siempre la escribo aunque la borre después, por no encontrarle contexto, para que, al menos, vaya adquiriendo y cargándose de significados conforme la restriego con Los Momentos.

Es cierto, si hay algo que no me gusta de la vida es que sea irreversible. Que no se pueda volver atrás, que no se pueda una arrepentir de haber nacido y empezar de nuevo. La Vida es. Vivir implica Ser y viceversa. Quieras o no. Y, ahí está, tan poéticamente irreversible, porque poco a poco, y cada vez más,  hay cosas que no tienen vuelta atrás.

Esa ha sido Mi Gran Obsesión. La mayor de todas. Intentar aceptar la irreversabilidad, lo que me ha llevado a convertir mi vida en un maldito error de redundancia cíclica. No lo entendí bien del todo hasta que murió mi padre, a partir de ahí me dediqué a desenfocar todo lo que no fuese El Momento.

Un día te levantas y sabes que una palabra que tanto has dicho ("Papá") ahora está anclada a El Momento.

Y es Irreversible.

Esto no es más que un pensamiento más, aunque recurrente. No soporto perder algo si no es irreversible. Pero ya no puedo caer más y no hacerlo en la cuenta de que sí que es posible, e incluso necesario. 

Al final, El Momento acaba siendo la manera en la que recordamos y archivamos a las personas. Con muchas, El Momento aún está por llegar, algunas, por más que nos empeñemos, nunca nos ofrecerán El Momento.

Creo que El Momento, el Único y Verdadero es, caprichosamente o no, bastante selectivo.

Yo sólo busco una persona que se siente conmigo a dejarse macerar por las olas. Y, entre "me quedo y me voy", me estoy quedando sin Los Momentos. Y ya no soy quien soy, y, ya no existo, porque tengo tanta pena dentro por no oler esa eternidad que cada día se parece demasiado a lo Irreversible.

Por dejar pasar el Tiempo, o no, estoy sumida en la más profunda de las agonías. Busco sin parar en todos los ojos y en ninguno me veo reflejada. Por eso me he cansado de vivir esta vida que no es la mía, interpretando el papel de quien siempre sabe cómo exprimir las semifusas.

Por eso, simplemente os digo que, cuando os crucéis con El Momento, no seáis tan gilipollas de dejarlo pasar o de llenarlo de mierda por los putos miedos de siempre. Yo me he pasado mucho tiempo esperando algo que no llega, que no llega, y, ahora, desisto de seguir pensando en dibujar visualmente las líneas del techo con alguien que no sea yo misma.

Os dejo dos trozos de una de las películas que tan bien expresan El Momento del que hablo. Es una película que vi hace tiempo y que me hizo preguntarme cómo había metido el director tan alegremente una cámara dentro de mi cerebro para que yo no me diese cuenta (ya sabéis, sí, el clásico brotecito19). Tenéis que ver los dos, enteros, no vale hacer trampa.



del segundo video a partir del 7'40" NO LO VEÁIS, es que no he podido encontrar nada con un sonido mejor y esa parte da pistas acerca de la peli.



*Y, sólo me queda decir, que lo único que me alegra que sea irreversible es Manifiesto19.
Y mi Principito, claro.
Con esto quiero expresar que cambio y corto. No quiero seguir así ni un día más. No quiero esperar más.
Nunca sabes lo que tienes hasta que lo pierdes.
Para mí...ha dejado de existir El Momento.