19 en el Aleph de Borges

"Una copita del seudo coñac - ordenó - y te zampuzarás en el sótano. Ya sabes, el decúbito dorsal es indispensable. También lo son la oscuridad, la inmovilidad, cierta acomodación ocular. Te acuestas en el piso de la baldosas y fijas los ojos en el decimonono escalón de la pertinente escalera. Me voy, bajo la trampa y te quedas solo. Algún roedor te mete miedo ¡fácil empresa! A los pocos minutos ves el Aleph. ¡El microcosmo de alquimistas y cabalistas, nuestro concreto amigo proverbial, el multum in parvo!

Repantiga en el suelo ese corpachón y cuenta diecinueve escalones.

¿cómo transmitir a los otros el infinito Aleph, que mi temerosa memoria apenas abarca? Quizá los dioses no me negarían el hallazgo de una imagen equivalente, pero este informe quedaría contaminado de literatura, de falsedad. Cada cosa era infinitas cosas, porque yo claramente las veía desde todos los puntos del universo"


Artículo 19
de la Declaración Universal de los Derechos Humanos

* Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.



Los cielos cuentan la gloria de Dios, Y la expansión denuncia la obra de sus manos.

Biblia, Libro 19 (Salmos), 19:1

martes, 14 de noviembre de 2023

Breve elogio a la máquina

 


Máquina: Objeto fabricado que se usa para facilitar o realizar un trabajo determinado, generalmente transformando una forma de energía en movimiento o trabajo.

 

Una máquina simple es un mecanismo formado por un único elemento. Por ejemplo, una palanca.

 

El empleo cotidiano de la palanca está documentado desde el tercer milenio a. C. en sellos cilíndricos de Mesopotamia. Sin embargo, se estima que la palanca y su empleo en la vida cotidiana proviene de la época prehistórica.

 

Al fin y al cabo, cada vez que un hombre tomó un palo, o un hueso, o cualquier utensilio alargado por un extremo, para ejercer velocidad y fuerza e imprimirla sobre otro cuerpo, digamos, por ejemplo, en el ejercicio de una agresión, está haciendo uso de los beneficios de la palanca.

 

Muchos estudiosos consideran que el hombre es hombre por su vigorosa capacidad de concebir y emplear máquinas. La máquina, como en este caso de la palanca, sin que pueda ser considerada un ente vivo por ningún científico, trabaja en cambio en perfecta simbiosis con el hombre como una elegante extensión de su cuerpo: sí, solo imaginen, una poderosa palanca en manos de un hombre, hermosa, reluciente, como un fascinante órgano extra, saliente, que aporta al hombre, al humilde hombre, su capacidad de avanzar inexorablemente hacia el progreso.

 

Así el hombre concibió de su ingenio la palanca. El hombre tomó la palanca. El hombre empleó así su propia energía humana, la que nos fue dada por la madre naturaleza, y que por su bondad pertenece legítimamente al hombre, para transformarla, a través de la palanca, en movimiento o trabajo. Y así es que el hombre progresa. Y así el hombre fabrica más máquinas, cada vez más complejas, y estas máquinas, nacidas del hombre, de su antigua y profunda naturaleza, progresan para entregar al hombre, a cambio, aquello por lo que fueron originalmente concebidas: movimiento y trabajo. Más y más trabajo.


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