19 en el Aleph de Borges

"Una copita del seudo coñac - ordenó - y te zampuzarás en el sótano. Ya sabes, el decúbito dorsal es indispensable. También lo son la oscuridad, la inmovilidad, cierta acomodación ocular. Te acuestas en el piso de la baldosas y fijas los ojos en el decimonono escalón de la pertinente escalera. Me voy, bajo la trampa y te quedas solo. Algún roedor te mete miedo ¡fácil empresa! A los pocos minutos ves el Aleph. ¡El microcosmo de alquimistas y cabalistas, nuestro concreto amigo proverbial, el multum in parvo!

Repantiga en el suelo ese corpachón y cuenta diecinueve escalones.

¿cómo transmitir a los otros el infinito Aleph, que mi temerosa memoria apenas abarca? Quizá los dioses no me negarían el hallazgo de una imagen equivalente, pero este informe quedaría contaminado de literatura, de falsedad. Cada cosa era infinitas cosas, porque yo claramente las veía desde todos los puntos del universo"


Artículo 19
de la Declaración Universal de los Derechos Humanos

* Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.



Los cielos cuentan la gloria de Dios, Y la expansión denuncia la obra de sus manos.

Biblia, Libro 19 (Salmos), 19:1

sábado, 2 de mayo de 2009

Smoke (último día).

Después de un par de meses, el tiempo que ha tardado en crecerme una cabeza nueva, he ido a la que fue mi oficina. Estaba cerrada, desmantelada.

No me ha extrañado. Tras un breve vistazo al interior he seguido mi camino, al llegar a la esquina toda curiosidad por el que fue mi pasado había desaparecido. Me detuve en el semáforo en rojo y levanté la vista. Al fondo restos de nube como puñados de arena blanca arrojada en el cielo y jalonando la amplia avenida las jacarandas empezaban a alfombrar la calle con sus flores de obsceno color lila.

Enfrente del semáforo, sin afeitar, con la cara aun manchada de sueño y las venas pidiendo cafeína. Por delante un par de decisiones sencillas. Una, escribir las normas para este comienzo. Otra, pensar en cual será el papel que representaré en el futuro. Ya no queda nada de la sensación de opresión que me acompañaba cada día y casi ha cicatrizado la herida que los grilletes provocaban en mis tobillos.

Al final la grieta no ocultaba más que ladrillos y él no vino para echarme un polvo salvaje encima de la mesa. Es sencillo olvidar, cambiar y olvidar. Paro en la primera cafetería que me sale al paso, el café hierve en mi nueva boca, las conversaciones llegan más nítidas a mis nuevos oídos y mis manos inquietas sobre la mesa vuelven a descubrir el tacto de los objetos. Ya ni siquiera recuerdo qué fui a hacer a esa zona de la ciudad.

3 comentarios:

Brotestertor dijo...

Me sorprendo por los ¿56? comentarios en lanterior entrada y deduzco que no seré el último que comento. Quizás ni siquiera sea el primero, tal como van las cosas por aquí algún enloquecido ser estará tecleando al tiempo que lo hago yo y será quien se lleve la gloria.

Pero, bueno, qué más dará, si a lo que vengo es a comentar que si no te dejó las piernas temblando no sólo es por que no se te echó encima, es porque no pusiste todo el empeño necesario cuando te imaginabas ser destrozada mientras aparecía el reventador por tu imaginaria ingeniería cerebral.


PD: sorry, hoy no estoy naaada fino.

Argax dijo...

Chico, no me he enterado de nada! :) Una aclaración quiero por favor.

Y respecto a los comentarios pues la verdad es que la mayoría eran ajenos al texto y utilizados para organizar una farra, pero bueno, ahí están y la farra va en marcha.

Un abrazo.

Yo soy Joss dijo...

La realidad, brotestertor, es que aquí comentamos los mismos que escribimos, y ni siquiera tenemos la delicadeza de comentar sobre lo que se escribe, así que tienes toda la impunidad para perpetrar tus críticas constructivas que nos serán sorprendentes y gratas.

Por otro lado, Argax, yo he entendido que no te imaginastes con suficiente concentración a ese tipo que debía echarte un polvo salvaje, lo cuál te dejó más bien fría... ¿?