19 en el Aleph de Borges

"Una copita del seudo coñac - ordenó - y te zampuzarás en el sótano. Ya sabes, el decúbito dorsal es indispensable. También lo son la oscuridad, la inmovilidad, cierta acomodación ocular. Te acuestas en el piso de la baldosas y fijas los ojos en el decimonono escalón de la pertinente escalera. Me voy, bajo la trampa y te quedas solo. Algún roedor te mete miedo ¡fácil empresa! A los pocos minutos ves el Aleph. ¡El microcosmo de alquimistas y cabalistas, nuestro concreto amigo proverbial, el multum in parvo!

Repantiga en el suelo ese corpachón y cuenta diecinueve escalones.

¿cómo transmitir a los otros el infinito Aleph, que mi temerosa memoria apenas abarca? Quizá los dioses no me negarían el hallazgo de una imagen equivalente, pero este informe quedaría contaminado de literatura, de falsedad. Cada cosa era infinitas cosas, porque yo claramente las veía desde todos los puntos del universo"


Artículo 19
de la Declaración Universal de los Derechos Humanos

* Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.



Los cielos cuentan la gloria de Dios, Y la expansión denuncia la obra de sus manos.

Biblia, Libro 19 (Salmos), 19:1

domingo, 22 de marzo de 2009

Smoke (Día 13)

Cuento los días hasta que llegue el final de esta historia que puede sobrevenir de dos formas. Como cuando en mi adolescencia leía los libros de dragones en los que sí querías que Lance arremetiera contra la criatura debías pasar a la página 23 o si querías que intentara esconderse y esperar a que pasase el peligro pasabas a la página 51.

Página 23

El caballero arremete contra la criatura, la espada, más grande que el mismo, de repente se vuelve ligera, parece tener vida propia y tirar del brazo de Lance. Una estocada inverosímil sobrepasa a la bestia justo por encima de su escamosa cabeza. La criatura ruge enfurecida y se revuelve, lanza una dentellada que suena como un tijeretazo. Si nos alejáramos de la confusión de la lucha veríamos a Lance atrapado ente las fauces de la bestia, sus gritos, ardorosos unos segundos antes, convertidos en un jirón de sangre resbalando por su pronunciado mentón de héroe despojado de toda dignidad.

Página 51

El caballero siente en la entrepierna un calor conocido. Casi puede escuchar sus rodillas que castañetean. La bestia ruge con una energía capaz de derrumbar un reino. Lance, de forma instintiva, se gira y comienza a correr hacia la boca de la cueva. No quiere mirar atrás pero sabe que la criatura le sigue, siente la vibración de sus pisadas furiosas en el suelo que se estremece. No va a llegar a la salida así que confía en una roca que unos metros más adelante le ofrece un refugio natural. Juega su futuro a esa carta, confía en que la penumbra de la cueva confunda a la bestia y que no lo encuentre. Llega a la altura de la roca, se acurruca apretándose entre ésta y la pared, parece un buen escondrijo. Las pisadas han cesado, escucha la respiración acelerada de su perseguidor. “Está desconcertado, lo he despistado”, piensa con esperanza un segundo antes de sentir un calor intenso que lo desintegra.

Nunca conseguí que el héroe sobreviviera en esos libros.

2 comentarios:

Yo soy Joss dijo...

cáspita! pero si yo había escrito un comentario en esta entrada...

me refería a los libros de elige tu propia aventura, eran tan divertidos, sería genial realizar una versión adulta, como experimento literario.

Argax dijo...

Tienes razón Joss, eran divertidísimos. Mientras escribía esta versión amarga de ellos tenía en mente lo bien que me lo pasaba de pequeño, sentado en la moqueta y pasando hojas adelante y atrás.

Saludos y abrazos.